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Reputación corporativa: saltarse el principio de la autenticidad es un mal negocio

Según los estudios, los intangibles están detrás de más del 80% del valor de mercado de las marcas en el siglo actual. Los negocios han dejado de escribirse en términos sólo del ‘qué’ y el ‘cuánto’, para pasar a hacerlo también en términos del ‘cómo’, y es por ello que la sostenibilidad de una empresa ya no está determinada única y exclusivamente por el tamaño que es capaz de alcanzar, sino que responde y mucho –cada vez más incluso- a CÓMO hace sus negocios.

Esto ya no se trata sólo de lo que vendes sino también de CÓMO lo vendes. En definitiva, no es cuestión solo de TENER sino de SER. Porque es ese SER lo que construye la reputación, que no es más que la suma de ‘cómos’. Hablamos de comportamientos, maneras de hacer que reflejan unos valores y unos principios, porque son ellos los que inspiran la confianza de los demás. La confianza nace de la integridad, la coherencia y la transparencia. Sin ellas es difícil generar confianza, y sin confianza, no es posible labrarse una buena reputación, uno de los principales factores que influyen en la decisión de compra de los clientes.

Leí en cierta ocasión un símil que señalaba que la reputación de una compañía es similar a la cuerda para un escalador. Ni el mejor de los alpinistas se libra de sufrir algún tropiezo en alguna de sus ascensiones, ahora bien, es la cuerda la que evita que se precipite al vacío. Del mismo modo actúa la reputación en el caso de una empresa: es la que le puede otorgar, al menos, el beneficio de la duda en caso de un error y abrirle la puerta a una segunda oportunidad.

Ninguna empresa está libre de cometer un fallo, más aún en estos tiempos tan convulsos y veloces, y es por ello que una reputación construida sobre la base de la autenticidad cobra vital importancia para salvaguardarnos de salir airosos de ellos. Saltarse el principio del SER –la autenticidad- nos conduce a vivir en la cuerda floja y representa SIEMPRE un mal negocio…