Expertos en nadar en palabras vacías, pero ¿y en bucear en las profundidades de los hechos?

Uno de los temas de conversación más recurrente al que me enfrento últimamente es al de la proliferación de eventos. A nadie se le escapa la multiplicación sufrida en los últimos tiempos y lo que muchas agendas han tenido que sufrir viéndose llenas de eventos y más aún, colapsadas por la multitud de compromisos públicos adquiridos.

Por mi doble faceta profesional –como consultora y organizadora de eventos profesionales- y como periodista –parte de nuestro trabajo consiste en asistir y cubrir eventos- me buscan y preguntan de manera recurrente acerca de mi opinión sobre el estado de los eventos hoy.

Aquí van algunas de las reflexiones que suelo compartir:

No es la cantidad sino la calidad

Lo primero que suelo recordar es que no acostumbramos a quejarnos por exceso de aquello que nos resulta bueno… Por tanto, el problema que tenemos con los eventos no es de cantidad -o no de cantidad en el sentido que a priori pensamos- sino de calidad. No se trata tanto de exceso de eventos sino de escasez de buenos eventos…

No es el patrocinador sino el público

La pregunta obligada ahora es qué define un buen evento. Pues ni más ni menos que la aportación de valor para el público asistente. Y aquí tenemos el segundo problema: la pérdida de foco. Proliferan los eventos donde prima el quién los organiza o más bien paga; todo gira en torno a quién es el promotor/patrocinador en lugar de a quién van dirigidos; el organizador roba el protagonismo al público… y el ego se antepone a la vocación de servicio…

Craso error. Todo buen evento está pensado por y para su público. Él es el auténtico protagonistas del mismo y sus intereses e inquietudes, sobre los que ha de pivotar todo. Cuando una empresa o una asociación me llama para organizar un evento o me pide ayuda para definir el programa de una jornada mi obsesión es siempre la misma: identificar muy muy bien al público objetivo del mismo, y conocer al máximo sus intereses y necesidades para poder darles respuesta, porque únicamente cuando logras la satisfacción del público consigues rendimiento para la marca/entidad organizadora. Y la satisfacción de tu público se alimenta con respuestas, con hechos y con ideas extrapolables a su día a día; no hay otro secreto…

No se trata de nadar sino de bucear

Si algo me ha enseñado mi experiencia sobre el éxito de un evento profesional es que este se escribe sobre la voluntad de compartir ideas y experiencias; promover la conversación, el análisis, la reflexión y, sobre todo, promover el desarrollo, la INNOVACIÓN y la CREACIÓN a través de la COLABORACIÓN. Radica en conseguir llevar a los profesionales a bucear en la profundidad de los cambios y de los hechos, y no solo invitarlos a nadar por la superficie de los discursos y los postureos… donde llevamos años asentados…

Sobran los malos eventos, hacen falta muchos buenos eventos

En definitiva, mi conclusión es que el mercado sí está saturado, pero saturado de eventos donde se dan cita expertos nadadores de la superficie de las palabras vacías y de los discursos repetidos, pero, al mismo tiempo, el mercado está enormemente necesitado de eventos que reúnan a expertos en buceo y en sumergirse en las auténticas profundidades de los temas para desde ahí, poder descubrir, aportar, sumar y construir…